Tuesday, November 05, 2002

Comenzando a soñar

No recuerdo muy bien cuándo ambicioné algo por primera vez, cuando niña e incluso de adolescente solía ser bastante solidaria, a los nueve años quería irme a un convento para ser monja. Y no era que la religión me apasionara (pese a todo el empeño y la concentración que puse en tener fé y todo eso, nunca logré creer en nada más que en mí misma), sino que tenía un sentido de compasión y una sensibilidad ante el dolor ajeno, digamos que bastante especial. Hasta era generosa con mi tiempo, cuando estaba en la universidad y regresaba a mi ciudad durante las vacaciones, me dedicaba casi en un 100% a entretener niños en las colonias que hacía la iglesia durante el verano .

Durante mi estadía en la U, y pese a todo el interés que tenía en salir adelante, nunca fuí la típica alumna que se mata estudiando, de hecho en la escuela jamás lo había hecho, tenía cero disciplina al respecto. Así que pensé que bastaba con echar una mirada al cuaderno un par de días antes. Lamentablemente en ingeniería no se podía hacer eso, por lo que me fué pésimo, el primer semestre reprobé un ramo, el segundo año me farreé un semestre completo, reprobé hasta ajedrez (que lo había jugado desde muy niña) por inasistencia, había descubierto otras cosas, el cine por ejemplo (que hasta el día de hoy me seduce), recorría todos los cines, veía varias películas en el día hasta que terminaba con dolor de cabeza, el dinero me lo gastaba principalmente en helados y papas fritas, menos mal que tenía asegurada una comida en la pensión, sino no sé qué habría hecho. O sea,una inmadurez y una irresponsabilidad tremenda, sobre todo si se considera que estaba siendo financiada por una beca. Mis benefactores hacían la vista gorda, decían que había elegido una carrera difícil, pero yo sabía cuál era la verdadera causa y me sentía culpable (a veces). Cuento corto, me atrasé un par de años, la cuerda no resistió más, en matemáticas siempre me fué bien, pero no era muy buena para la física, así que cuando reprobé por segunda vez uno de esos ramos en la escuela me dieron sólo dos alternativas a escoger, ingeniería en computación ó geología. Escogí geología sin saber de qué se trataba y pensando que me iba a morir de hambre cuando ejerciera, la escogí porque me llamaba la atención el nombre de los ramos, en especial la palabra "paleontología", la encontraba fascinante, como salida de una aventura. Ni siquiera me preocupé de informarme antes, es increíble lo inmadura que era.

Cuando entré a la carrera mi vida dió un vuelco, fué un verdadero golpe de suerte, todo era muy fácil y casi no necesitaba estudiar, era como haber vuelto al colegio. Las físicas y matemáticas que se dictaban "especial para geólogos" eran un chiste, me fué superbien en todo y como suele suceder en estos casos, los profesores me agarraron buena al tiro. Además descubrí en qué trabajaban los geólogos y cuánta plata se podía ganar, estaba tan impresionada ..Yo creo que debe haber sido ahí, en algún momento, cuando supe que podía soñar y me creí el cuento por primera vez, de que los sueños se podrían realizar.

Mi primera intención fué ganar harta plata para ayudar a mi padre, siempre pensé que lo primero que le compraría sería un equipo de radioaficionado, algo que nunca había tenido. Pensé que se pondría muy feliz. Juntos siempre escuchábamos por la noche en una radio de mala muerte la frecuencia de onda corta, cuando niña era su yunta, me gustaba mucho oír esas noticias que me traían sonidos de tierras lejanas.

Nunca voy a olvidar ese día de febrero, estaba en Arica, había ido a conocer a mi suegra, hacía un calor espantoso y en el aire había un asqueroso olor a harina de pescado, los perros de la casa no paraban de aullar. Me entregaron un telegrama, lo encontré raro, no lo esperaba. Sólo decía "papá falleció", después supe que fué un ataque cardíaco, llamaron a una ambulancia pero tardó horas en llegar, estuvo agonizando un día entero. Pudo haberse salvado si hubieran llevado a la casa a un médico, siempre lo supe. Pero no había dinero, tampoco para costearme un viaje rápido a Punta Arenas para ir al funeral, así que no fuí no más. Me sentí culpable de toda la farra que me había pegado en la universidad, si no hubiera sido tan irresponsable cuando comencé a estudiar ya habría terminado la carrera, habría tenido todos los recursos necesarios, estas cosas no habrían ocurrido. Pero todavía me quedaba un año, el último, había llegado tarde y no había alcanzado a hacer nada, absolutamente nada por él. Aparte de mi irresponsabilidad, también el dinero adquirió una nueva dimensión para mí, le dí un valor dramático, literalmente, y aunque parezca exagerado, para mí pasó a ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Después de este golpe me levanté de nuevo pero con otra visión, otro cambio en mi vida. Me endurecí tanto, pero tanto, que no dudé en separarme de mi hija para alcanzar los nuevos objetivos que me había propuesto, terminar la carrera lo antes posible. La llevaba a la sala cuna de la U pero era muy enfermiza, me la devolvían día por medio, no tenía cómo cuidarla sin dejar de estudiar, tampoco los recursos para que alguien lo hiciera por mí. La envié con mi madre a Punta Arenas, tenía 8 meses, se me desgarró el alma cuando se la entregué a mi hermana, ella trabajaba en una línea aérea y viajaba frecuentemente, me pidió que mejor no me despidiera de la niña, que no la besara porque la podía despertar y era mejor si se la llevaba dormida. No la volví a ver hasta el verano siguiente durante una práctica de vacaciones que hice en Tierra del Fuego. Físicamente la recuperé cuando tenía dos años, emocionalmente nunca más.

El tiempo en que estuve separada de mi hija me dediqué a full, saqué dos semestres en uno, hablaba con los profesores para que me permitieran tomar ramos con topes de horarios, como me tenían buena accedían. También trabajaba para juntar algo de plata y comprarle algunas cosas a mi hija, las que se las hacía llegar cuando podía, mis hermanos me enviaban fotos periódicamente. Algunos de mis compañeros fueron bien maricones, les causaba envidia el que me fuera tan bien en la escuela y me ponían las fechas de las pruebas topándome con mis horarios de trabajo. Me daba mucha rabia con ellos, después los perdoné, no sabían nada de mi vida y seguramente tomaron todo el cuento como un asunto de pura competencia.

Terminé la carrera, y comencé inmediatamente otra, había comenzado a soñar de nuevo. Esta vez puse los ojos en mi madre, no quería que me pasara con ella lo mismo que con mi padre, así que me tracé los nuevos objetivos, la nueva meta. Esta vez, era lejos más ambiciosa, me propuse recuperar para ella "su parte", las tierras que alguna vez le habían pertenecido, y que mi papá se había farreado. Pensé que así le otorgaría el lugar que le correspondía que se merecía. Los recursos que necesitaba eran cuantiosos, porque la estancia era enorme (como lo son todas las de la Patagonia), tenía fé en que lo podría lograr, aunque eso sí, estaba consciente que no serían suficientes los ingresos provenientes de mi profesión. Me dediqué a trabajar a full, hacía pitutos, usaba las vacaciones, todo lo que podía, necesitaba capital para formar una empresa porque tenía claro que era la única manera de conseguir lo que me había propuesto (bueno, también podría haber cazado a un millonario pero lamentablente no me topé con ninguno en ese tiempo). El costo: enorme, mi hija prefería a la nana antes que a mí, casi no pasaba en la casa, abandoné la lectura y muchos otros intereses, me convertí eventualmente en una "máquina recaudadora".

La desilusión llegó un día junto con una visita de uno de mis hermanos, me contó que mis tíos habían vendido el resto de las tierras, ahora si quería recuperar algo habría que comprarlo todo, la meta se alejaba hasta hacerse inalcanzable, de nuevo había llegado tarde. Entonces reaccioné por fin, comprendí que todo había sido un deseo romántico nada más, una completa locura. Después de todo para nadie es un misterio que las tierras de la Patagonia ya no rendían utilidades, lejos estaban los tiempos en que mi abuelo a puro pulso había logrado materializar su propio sueño, simplemente ahora soplaban otros vientos. Comprendí además que ese no era mi cuento, ni siquiera tenía recuerdo de esa época porque no tenía ni dos años cuando abandoné ese entorno, decidí que tenía que reinventar mi vida, construir mi propia historia.

Con esa mirada, programé lo que siempre había querido, salir a recorrer el mundo. Lo primero sería un viaje a España junto a la mamá, a Cataluña, la tierra de sus padres, ese sería mi regalo, a ella le gustaba mucho salir, pasear, seguro que ni se lo imaginaba, lo empecé a preparar en secreto. Entonces no sabía, no podía adivinar que la mano del destino me venía preparando secretamente también desde hacía tiempo otro revés, esta vez, sería el más dramático y cruel de todos los que me había tocado vivir.

En realidad lo podría haber descubierto antes, a tiempo, habían señales pero ni siquiera las advertí, estaba tan ocupada trabajando y juntando dinero que ni siquiera me dí el tiempo para mirar a los ojos a los seres que más amaba. La locura, el desvarío, la pérdida de la conciencia, llegó todo junto de la mano del cruel Alzheimer. Ya muy avanzado, no había nada que hacer, ya nada tenía sentido, el viaje soñado a las raíces era impensable.

Ella todavía vive, para mí murió ese día, prefiero recordarla como era, disfrutando de las cosas sencillas, era tan feliz con un simple paseo al parque, casi nunca le dí ese placer, es que estaba tan ocupada!

Bueno, quizás esta sea la causa de porqué siempre ando corriendo, he llegado atrasada a todas mis citas. También sea quizás la explicación de porqué soy tan ambiciosa y materialista. En todo caso esto me ha servido mucho para ser más tolerante con los demás. Trato de no cuestionar a la gente y de nó juzgarla, no importa cuán superficial y vanal pueda parecer a primera vista, después de todo, cada ser humano tiene un universo adentro.

Ahora estoy en un intermedio de nuevo, lo voy a aprovechar para visitar a mi tío, vá a ser un reencuentro con mis raíces. El, con más de 80 años está perfectamente lúcido, es hermano mellizo con mi mamá, es sacerdote , vive y trabaja en una misión salesiana en Río Grande, en la parte argentina de Tierra del Fuego. Ha dado su vida por los demás, su fortuna, todo. Su fuerte es el apoyo material, intelectual, toda su vida ha trabajado en las misiones argentinas, son escuelas-empresas en que se les entrega a los niños y jóvenes las herramientas para sobrevivir. El, aficionado a la arqueología y antropología ha creado museos en todas partes donde ha estado, en la escuela donde está ahora impartió por mucho tiempo la cátedra de historia natural, es un humanista al estilo de los antiguos. Muy culto, habla varios idiomas aparte del dialecto catalán que es su lengua materna, pareciera que la naturaleza concentró en él toda la capacidad intelectual que le mezquinó a mi madre. Yo siempre lo admiré, y sé que soy correspondida, siempre fuí su sobrina favorita. Hace tiempo que me está invitando a que lo vaya a ver, quiere que le clasifique unos fósiles, voy a tener que comprar un libro para documentarme porque no me acuerdo mucho, un libro de paleontología, esa palabra mágica que cambió mi vida. Y voy a tener que hacerlo pronto, esta vez pretendo romper la maldición, no quiero llegar tarde...
Mi Universo

Cuando estoy en lo alto de la Cordillera, será quizás porque la Tierra se eleva para alcanzar el cielo, que las cosas se ven desde una óptica distinta. En el día la vorágine del trabajo intenso me envuelve, el desafío no es menor y aunque es cansador, igual me siento muy orgullosa y privilegiada por trabajar en esta mina, un verdadero enclave de la más alta tecnología inmerso en un entorno de salares y volcanes. No importa cuán dura y exigente pueda ser la jornada, siempre me doy un momento para admirar el paisaje dominado por suaves colinas doradas en las que alpacas, llamas y vicuñas pasean su sutil elegancia. En la noche en cambio hay demasiado tiempo para pensar. Y también se siente en forma diferente, ahora mismo es casi medianoche, afuera debe haber una temperatura de 0°, estoy en un campamento junto a otras 2000 personas. Bueno, en realidad más que campamento esto es un hotel de lujo, pero pese a esta multitud en la cual me encuentro inmersa, ni las comodidades, ni el cielo siempre estrellado ni las vitrinas llenas de exquisitos postres son capaces de ahuyentar la nunca suficientemente bien ponderada soledad.

Cuando inicio el regreso a casa, durante las tres horas que demora el viaje pienso siempre en lo mismo, me imagino que soy un tumultuoso río que corre precipitado desde la cordillera hacia el mar. La bajada de la última cuesta se asimila mucho a un descenso en avión, se tiene una vista panorámica de toda la bahía. Cuando desciendo del bus percibo en mi rostro la caricia sensual del aire marino que me espera también ansioso y entonces siento esa alegría tremenda que me inunda sin saber por qué. Me gusta mucho dormir con las ventanas abiertas y las cortinas descorridas, así puedo divisar en la penumbra nocturna la espuma blanca del oleaje y escuchar el incansable murmullo del océano.

A veces sueño con un amante imaginario, no tiene nombre ni rasgos definidos. Sólo imagino su sudor ardiente envolviéndome por completo mientras nos penetramos mutuamente, su savia alimentándome y fluyendo hasta el último rincón de mi cuerpo. Me imagino que cuando ello ocurre todo su ser, toda su esencia me invade y permanece dentro de mí; para mí representa el concepto de entrega y de posesión mutua llevado a su máxima expresión, es el círculo que se cierra. En este mundo imaginario me doy todas las libertades, me permito traspasar todos los umbrales. A veces me desconecto de lo humano para transformarme sólo en animal, entonces no soy nada más ni nada menos que una hembra en celo desesperada por aparearse con su macho, sólo quiero dejarme seducir y entregarme a los instintos sin restricciones. Otras veces me transformo en metal, me imagino que somos dos imanes, dos piezas con polaridades opuestas que se acercan lentamente; mientras más nos acercamos más intensa es la atracción hasta llegar a un punto límite en que vencemos las fuerzas externas que nos separan para acoplarnos con inusitada vehemencia. En otras ocasiones asumimos la condición de energía pura, al aproximarnos cada uno emite una oleada en dirección al otro hasta que al encontrarnos nos abrazamos fundiéndonos en una llamarada única…

Cuando despierto por las mañanas el mar es lo primero que veo, suele amanecer gris para ir variando durante el día recorriendo toda la gama de los azules, el color que más me gusta es el índigo antes del crepúsculo. No me canso nunca de contemplarlo, me decían que pronto me iba a aburrir pero no ha sido así, además lo encuentro siempre diferente, ningún día es igual a otro. Mi lugar favorito es el balcón que enfrenta al living, es chiquitito pero muy monono y mi máximo orgullo es mi colección de jazmines, algunos ya alcanzaron las vigas. En esta ciudad esto es un verdadero lujo. En realidad es un lujo que no se compra con dinero porque es muy complicado cultivar este tipo de plantas, me decían que no me iban a resultar, menos en esta posición frente al mar. En el otro extremo, en el rincón más asoleado acabo de plantar unas bouganvilias de un color bien especial, las busqué durante meses y las encontré recién este domingo, había soñado con ellas la noche anterior. También tengo pensado instalar una pequeña fuente mural de fierro forjado y un farol (alimentado por cualquier combustible que no sea energía eléctrica, por supuesto).

El otro lugar donde paso montones de tiempo es frente al teclado, lo inserté en un órgano antiguo que desmantelé porque no funcionaba y que perteneció a la iglesia de un pequeño pueblo del interior. El mueble es una verdadera joya, tiene unos tallados preciosos, lo compré a un precio irrisorio en una tienda de antiguedades. Le estoy haciendo empeño al Nocturno de Chopin. Sé que no es un tema para principiante, pero esa melodía me gusta de un modo casi irracional, mi hija me reclama porque está aburrida de tanto escucharla. Aunque paso horas practicando debo reconocer que no he logrado avanzar mucho, de hecho me quedé pegada en unos fraseos que no he podido superar y creo que no me va a quedar más remedio que pedir ayuda urgente y tomar algunas clases. El otro tema que me gusta mucho es el Claro de Luna, aunque por ahora sólo me limito a oírlo.


El fin de semana me llevaron unas pinturas que había adquirido unos días atrás. Estaba tan contenta, las vió una persona entendida en arte y me dijo que había hecho un verdadero hallazgo, que eran muy buenas. El problema fué al caer la noche, estaba sola esperando a mi hija que había ido a una fiesta y empecé a ver demonios y fantasmas que emergían de entre las formas abstractas de algunos de los cuadros. Me dió mucho pánico, al día siguiente se los mostré a otra persona y también vió algo similar, me dijo que tenía malas vibras. Decidí devolver dos pinturas, ambas forman parte de la colección inspirada en una oficina salitrera abandonada. Tengo la impresión que la artista captó parte de lo terrible que en parte debe haber sido ese mundo. Estamos comenzando a ser amigas y me entendió perfectamente, me dijo que no me preocupara porque pronto iba a tener más cuadros que le tenían que llegar de regreso de una exposición. Lo pensé y decidí que al igual que me deshice de los cuadros tenía que desprenderme de todo aquello que no me sirve y en especial de lo que me hace daño. Así lo hice y de inmediato sentí un gran alivio, comencé a reencontrarme con mi paz interior.